Breves segundos de ti en otros ojos

La niña en brazos
y tu marido en el otro asiento.
Habéis discutido,
os he visto por la ventanilla,
mientras el tren
-tu eléctrico salvador-
paraba lentamente en la estación.

Tus ojos,
dos destellos de navidad,
sonríen tristes cuando me levanto.
Te sientas enfrente
y tu marido en el otro asiento.

Nuestros reflejos
se miran a través del cristal
y se cuentan todo aquello
que dura un instante,
pero que esconde
lo que no se puede contar en una vida.
Los verdaderos segundos que
de breves
la encienden
e inspiran de verdad.

Después llega tu parada
y te vas.
Yo seguiré buscándola,
te digo al despedirme,
pues sus ojos
iluminan como tú.

Libros amarillos

Coincidíamos todas las mañanas en el metro,
penúltimo vagón,
asientos junto a la ventana.

Ella, abrigada hasta las cejas,
con dos ojazos azules iluminando el tren.
Yo, con mis libros amarillos y desgastados.
Nos mirábamos,
nos colocábamos de tanto silencio,
saciados de pupilas e iris.

Hasta que en San Inazio subía él,
trajeado y con un maletín de cuero.
Se besaban y yo volvía a mis libros.